Escribo como extranjera

Para la clase de ética en que participo por computadora, tengo que revisar los ensayos de unos otros estudiantes. Creo que en la clase hay unos compañeros para que el idioma en que escriban no es su primera idioma. La puedo ver la evidencia en su sintaxis y su elección de palabras. Las oraciones se leen torpes. Eses estudiantes escriban como extranjeros.

Temo escribir como extrajera. Sé que no debo temerlo. Es una parada inevitable en el camino a la fluidez. Pero ojalá que pudiera saltarlo. No quiero que los que lean mi escritura tengan una opinión mala de mi inteligencia a causa de la manera en que escribo. No quiero que vean mi falta de vocabulario y deduzcan que mis pensamientos sean pequeños, sencillos. Quiero que me vean como me veo cuando hablo y escribo en mi idioma nativo.

Soy arrogante. Eso es mi problema. Me importa lo que piensen los demás. No debo importarme. No debo ser tan arrogante. Pero temo que escriba como una extranjera. Y por eso escribo aquí. Voy a mejorar. Estoy decidida.

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La prueba de la lectura

Creo que mi nivel de comprensión lectora es lo mismo de lo de un niño en el quinto grado.

Intenté leer La sombra del viento por Carolos Ruiz Zafón. Lo empece hace un año y no he leído más de 50 páginas.

Es un ejercicio frustrante: leer una línea, buscar una palabra, leer dos líneas, buscar una palabra. Frecuentemente busco una palabra que no está en mi diccionario y tengo que dejar el libro y usar los recursos del internet para comprenderlo. Por supuesto, el momento que abro mi computadora portátil, recuerdo que debo mirar mis correos electrónicos o responder a un mensaje en Facebook. Cuando finalmente recuerdo mi objetiva original, ya he olvidado la palabra y tengo que empezar el proceso de nuevo.

Obviamente, la otra opción es leer sin usar el diccionario. Pero para libros como La sombra del viento, no saber cada veinteava palabra inhibe que comprendo la historia. También, me distrae de la narración; solo puedo preguntarme ¿qué significa esa palabra? mientras mis ojos continúan en su lectura y, antes de que me lo dé cuenta, han leído un párrafo entero sin que yo comprenda una palabra.

Pues, tengo que relegarme a los libros para niños y jóvenes. Disfruté El principito. Dominé Bajo la misma estrella. Y ahora quiero conquistar Harry Potter y la piedra filosofal. Ha sido ya una lucha: no sabía la palabra “lechuza” que apareció mil veces el las primeras páginas. Uf.

El recorte de periódico

No recuerdo un momento en mi vida cuando el recorte de periódico amarillo y arrugado no estaba pegado al lado del refrigerador con unas piezas de cinta igualmente amarilla. La cocina de mis abuelos maternos está llena de recuerdos antiguos, pero ese papel era definitivamente lo más viejo.

Su lugar no era una de prominencia – solamente el lado que se unía con los gabinetes. Abajo se ubicaban la pila de cupones, los pañuelos de papel y la bolsa de mi abuela. Una lista de números de teléfono lo acompañaba y a veces unos imanes también. Mientras otras cosas en aquella rincón cambiaban, el recorte permanecía.

Era el obituario de mi tía. Nunca la había conocido. Se murió en una choque de carro cuando mi madre tenía unos 21 años. Era su hermana mayor. Supongo que eran las mejores amigas. No lo sé, pero ¿cómo pudiera sido diferente? Había menos de dos años entre sus edades. Se crecieron en el mismo cuarto. Si, seguro que eran amigas bien íntimos.

Y ella se murió.

Y unos quince, veinte, veinticinco, treinta años después, todavía estaba su obituario pegado al lado del refrigerador. Un recuerdo de la otra hija que tuvieron. La familia de seis en vez de cinco. La hija mayor. La hermana. Su memoria siempre en la cocina, como su risotada había estado.

El recorte me puse a preguntarme: ¿cómo sería tener solamente los recuerdos de una persona? Nadie en mi familia cercana había muerto. Y con cada visita a la tumba de mi tía, miraba a la evidencia de los funerales recientes – las flores, la carpa. ¿Cómo estaba para los en el acompañamiento fúnebre? ¿Cómo se sentía  pasar por las calles con la policía como guía?

Descubrí. Mi abuelo se murió. Su tumba se cavó al lado de la de su hija. Pasé al cementerio en la limusina negra. Mi cara era una piedra gris. Sentí nauseabundo de pena.

Después del funeral y una semana con mi abuela estoica, regresábamos a nuestra casa. Unos días después apareció un papelito – no, un recorte de periódico – al lado de nuestro refrigerador. El obituario de mi abuelo.

 

Insulto o cumplido

Mi cara es como la de una ardilla listada. Parece que mis mejillas están llenas de comida.

Pero nadie me dijo nada hoy cuando fui a la iglesia. No sé si su silencio fue un insulto o un cumplido. ¿Es que ellos no quieren insultarme por preguntarme sobre mi rostro grande? ¿O a ellos parece mi cara normalmente como una torta hinchada?

No sé. ¿Es un insulto o un cumplido? Me canso de importarme. El sueño me llama y la tarea de la mañana me va a dar pesadillas. Debo acostarme.

El curling

No comprendo el deporte curling. ¿Cómo se lo inventó? ¿Por qué?

No creo que sea divertido mirar mientras unos hombres barren una pisa de hielo para que una piedra pueda moverse lentamente sobre el superficie.

Curling es pero que el baile sobre hielo, que es patinaje artístico deshonrado, sin los saltos que lo hacen increíble.

Eso es todo.

Las Olimpiadas

Nada me da más orgullo de ser un ser humano que las Olimpiadas. Aunque a veces parece solamente un ejercicio de declaraciones políticas, de verdad me alegra ver la unificación del mundo con lo que tenemos en común: los deportes.

Me preguntaba que era mi favorito de los dos Juegos Olímpicos. Por años no podía decidir, pero últimamente he elegido por fin las Olimpiadas del verano. Mi razón: puedo identificarme más con las atletas de los Juegos del verano.

Sí, por supuesto los Juegos del invierno son impresionantes. Pero eso es el problema. Miro a las atletas y me digo, “Qué suerte para ellos que se crecieron cerca las montañas o en una ciudad con una pista de hielo”. Nada más. Casi no puedo hacer snowboard ni jugar hockey sobre hielo. Nunca he tenido la oportunidad de aprender. Pues, puedo mirar las atletas de eses deportes con admiración, pero no entiendo nada.

En las Olimpiadas del verano, sí. Puedo nadar. Puedo correr. Puedo montar a caballo. Jugo el fútbol y el voleibol. Entiendo eses deportes, y por eso puedo identificarme con las atletas. En vez de simplemente mirar con asombro, puedo decirme, “Yo podría hacerlo, si tuviera el tiempo para entrenar” o “Mis pies no muevan así cuando corro” o “Necesitan usar más la defensa”.

Sin embargo, si me buscas, me encontrarás enfrente del televisión durante esas dos semanas de los Juegos Olímpicos del invierno.

!Venga pronto, Río 2016!

El estigma de terapia

No comprendo el estigma que viene con la terapia – la psicoterapia y la terapia física. Ambos.

Los que reciben terapia tienen la sabiduría de observar su dificultad y también el valor de remediarlo. Debemos darles un aplauso grande. Debemos seguir sus pasos.

Es muy simple ver un problema sin intentar de arreglarlo.

Solamente unos pensamientos.

Necesito inspiración.