Los blogueros gastronómicos

Quiero descubrir blogueros hispanohablantes de la gastronomía. Deben existir. Sé que existen. Pero no los puedo encontrar. Puedo encontrar blogueros de comida que escriben en polaco, en ruso, en holandés, en portugués. Pero no he tropezadome con blogueros hispanoparlantes en español.

¿Qué es el problema? ¿Es lo mío? Tal vez no busco con los términos necesarios. Probablemente WordPress no es tan popular con los que hablan español como primer idioma, porque su interfaz está escrito mayormente en inglés. O quizás no.

Pero necesito encontrar unos, porque quiero escribir sobre la comida y quiero componer recetas y instrucciones en español. Pero no sé el vocabulario para hacerlo. No sé el formato. Dicen que hay que leer para mejorar el vocabulario. Lo haría si pudiera encontrar algún blog para leer.

Qué problema del primer mundo, diría la gente del internet.

Tocino

Dicen que el tocino mejora todo. ¿Quieres comer pimientos? Añade tocino. ¿Una ensalada sosa? Tocino. ¿No tienes ninguna idea para sazonar la carne? Tocino.

Tocino es el condimento para todo.

No.

Es una mentira. Engañamos a nosotros mismos. El tocino no es el condimento, la adición del sabor. No es el medio para llegar al fin del plato. No.

El tocino es el fin. Todo el resto es solamente un vehículo para el tocino.

No mientes. La meta es el tocino.

Fin.

 

10 años

Cuando me miro 10 años atrás, veo una niña recién regresada del extranjero. Ella tiene cabello rubio brillante que cae en olas sedosas en sus hombros. Ella es curiosa, energética y ágil. Ama los animales y la naturaleza. Siempre está afuera, jugando con los niños del vecindario y con sus hermanitos, como cualquier otro niño.

Cuando me busco en la niebla de 10 años adelante, casi no me reconozco. Estoy casada y quizás embarazada con mi hijo primero. No, tal vez estoy viviendo en China, enseñando en una escuela internacional. No, no, esto tampoco. Me veo en mi apartamento propio cerca la casa de mi mejor amiga. Ella todavía enseña el piano, pero solamente unas veces a la semana, cuando yo cuido a sus hijos. ¿Y yo? Trabajo mayormente en mi apartamento y hago varias cosas: escribo un blog de comida vegetariana, entreno a unas clases de amigos en CrossFit, traduzco libros para niños, cocino como un chef personal para una familia rica y tengo dinero suficiente para viajar a Europa o Asia por una mes entero al año.

Pero, de verdad, no puedo imaginar yo en 10 años. Veo que las blogueras de la edad la que seré en 10 años ya están casadas y están empezando a tener hijos. Sus vidas parecen organizadas y planeadas. Saben lo que quieren.

¿Y yo? No sé. No me puedo imaginar como una esposa. No puedo imaginar lo que es estar enamorada ni considerar casarme. Qué edad rara tengo. Qué época interesante. ¡Qué diferencia hace unos 10 años!

Siendo Adán de los aves

Siempre hemos tenido periquitos. Mi madre tenía una por casi 2o años y lo enseñaba a hablar y posarse en el dedo. Cuando yo era niña teníamos uno lo que llamábamos “El periquito bonito bonito” o algo tan chistoso como eso. Después, durante los años de los fringílidos, teníamos también una pareja de periquitos. Ellos empollaban varios peritquititos que vendíamos y uno yo lo conservé y lo nombré “Neo”.

A veces me siento como Adán cuando nombro a los animales. Sé que ya tienen nombres, pero a darles nombres propios ellos me parecen como animales diferentes, especiales, únicos. Siempre he disfrutado siendo Adán, aun hoy.

Pues, a regresar a Neo. Los padres de Neo se murieron una noche fría cuando escapaban de su jaula y no podían regresar al calor. Neo vivía solo en nuestra casa, el periquito único por unos meses. Se entristeció hasta que le dimos un espejo. Inmediatamente tuvo un amigo. Ellos hablaban cada día felizmente hasta que le traemos a Neo su esposa nueva, la periquita de nuestros amigos. Ellos se enamoraron, pero durante un año entero nunca podían tener periquititos. Y esta vez mi madre era la que se entristeció, porque ella le gusta tanto tener críos de un animal o otro.

Por lo tanto, ella compró unos loritos. Y empezamos a ser Noé. Por 45 minutos de regreso en el carro, yo le sugerí unos nombres y ella los negó.

Anne y Capitán Wentworth de Persuasion, Jane y Señor Rochester de Jane Eyre, sal y pimienta, guisantes y miel, Tomás y O’Brien de “Downton Abbey”, Daisy y William de “Downton”. No no no nunca no y no.

Finalmente, nombres neutros, para que los que preguntan los nombres de los pájaros se confundan: Pat y Terry y Chris y Taylor.

Me puedes llamar “Adán”.

 

 

El milagro de comer

Comer es un milagro. Es mas interesante que el mero hecho de que la carne de los animales y las hojas de plantas y las frutas de árboles convierten en energía para el cuerpo. Eso es solamente el hecho de sobrevivir. Que aburrido.

No, comer es fascinante. Esa cosa de los miles de sabores de la comida. Y la saciedad. ¡Que interesante!

La interacción entre el sabor de una piña y un trago de agua.

La transformación de la carne limosa de una gallina apenas matada desde algo repulsivo hasta una plata suculenta, llena de sabor y deliciosa solamente por la compañía del fuego.

La variedad de los colores de las frutas: el rojo brillante de una fresa o pimiento, el morada oscura y profunda de las berenjenas, el anaranjado imposible del interior de un mango.

La habilidad de mi estomago de llenarse en diez minutos lo que me costó tres horas para preparar y una hora después de comer, estar listo a picotear otra vez.

¡Que regalo de Dios es la comida y el acto de comer!

Para ensayar

No sé para que estoy ensayando. ¿Un trabajo en algún día en el futuro? Tal vez. ¿Un libro que tendré que escribir? Lo dudo. ¿Los ensayos de las clases de la universidad? Probablemente.

En todos casos, debo ensayar. Debo practicar. Debo intentar de mejorar.

Dicen que hay que escribir si quieres escribir mejor. Y también que tienes que leer. Leer es solamente un acto de recibir, de comprender. Pero esta cosa de escribir, ésta es más complicado. Hay que decir a mi misma, “Invéntate algo.” Pero es difícil obligarme a mi misma hacerlo porque es un trabajo duro, aburrido, largo. Cada segundo encuentro algo que quiero decir pero no tengo las palabras. Word Reference es mi mejor amigo.

Es frustrante. He estado aprendiendo este idioma – uno que no es tan difícil como otros que hubiera podido estudiado – por casi ocho años. ¿Cómo es posible que no me sienta cómoda, que no recuerdo las palabras que me han golpeado las orejas mil veces? No lo comprendo. No lo entiendo. (Y ¿qué es la diferencia entre “entender” y “comprender”? ¿Existe una diferencia?)

Pues, aquí estoy. Mi meta es escribir cada día en español. No me importa que sea un párrafo o un tratado, algo de mi vida o algo que imagine, tedioso o increíble. Voy a escribir.

Este blog es para ensayar.