Las Olimpiadas

Nada me da más orgullo de ser un ser humano que las Olimpiadas. Aunque a veces parece solamente un ejercicio de declaraciones políticas, de verdad me alegra ver la unificación del mundo con lo que tenemos en común: los deportes.

Me preguntaba que era mi favorito de los dos Juegos Olímpicos. Por años no podía decidir, pero últimamente he elegido por fin las Olimpiadas del verano. Mi razón: puedo identificarme más con las atletas de los Juegos del verano.

Sí, por supuesto los Juegos del invierno son impresionantes. Pero eso es el problema. Miro a las atletas y me digo, “Qué suerte para ellos que se crecieron cerca las montañas o en una ciudad con una pista de hielo”. Nada más. Casi no puedo hacer snowboard ni jugar hockey sobre hielo. Nunca he tenido la oportunidad de aprender. Pues, puedo mirar las atletas de eses deportes con admiración, pero no entiendo nada.

En las Olimpiadas del verano, sí. Puedo nadar. Puedo correr. Puedo montar a caballo. Jugo el fútbol y el voleibol. Entiendo eses deportes, y por eso puedo identificarme con las atletas. En vez de simplemente mirar con asombro, puedo decirme, “Yo podría hacerlo, si tuviera el tiempo para entrenar” o “Mis pies no muevan así cuando corro” o “Necesitan usar más la defensa”.

Sin embargo, si me buscas, me encontrarás enfrente del televisión durante esas dos semanas de los Juegos Olímpicos del invierno.

!Venga pronto, Río 2016!

El estigma de terapia

No comprendo el estigma que viene con la terapia – la psicoterapia y la terapia física. Ambos.

Los que reciben terapia tienen la sabiduría de observar su dificultad y también el valor de remediarlo. Debemos darles un aplauso grande. Debemos seguir sus pasos.

Es muy simple ver un problema sin intentar de arreglarlo.

Solamente unos pensamientos.

Necesito inspiración.

Natación

Para mí nadar no es tan fácil.

Bueno, no es que no puedo nadar. Puedo, gracias a Dios y mi mamá para mandarme, contra mi voluntad, a clases de natación en una piscina municipal en las mañanas tempranas del verano.

Puedo nadar. Pero el problema ocurre cuando intento a nadar con otras personas. Hacemos “natación en círculo.” Y soy una amenaza.

Las brazadas de mis brazos hacen tsunamis pequeñas en el andarivel. En el crol a salpicadura de mis piernas echa agua en los ojos de mis compañeros. Cuando hacemos el estilo brazado, pateo a los nadadores en los otros andariveles. En estilo espalda atropello los pies de la persona enfrente de mí. Equivoco el número de metros, retraso la línea con mis pausas incorrectas y causo confusión cuando nado fuera de orden.

Cuando nado, estoy una desastre.

 

 

De un pecador a otro pecador

Quiero pedir perdón para mis juicios, para mis palabras de indignación y reprobación. Soy una hipócrita.

“¿Cómo es posible que hiciste eso?” digo. Pero esto no debe ser mi pregunta. No hay que preguntar.

Cuando pecas, debo responder con compasión, empatía y gracia – todo lo que Cristo me ha dado y continua dando.

Sé cómo es posible que lo hiciste, porque lo hago también. Soy un pecador también. Estamos juntos en esta lucha contra la carne y sus pecados.

Pues, perdóname, por favor. No debo juzgar a ti como pecador cuando soy lo mismo. Y Jesús nos ha perdonado los dos.

Este mundo tan grande

Cuando hay una coincidencia de conocimiento entre dos o tres personas – cuando conozco a tu amigo que trabaja con mi tío o algo así – se dice que el mundo es muy pequeño. Y sí, es verdad que cada día parece que el mundo se está encogiendo. Las noticias y las enfermedades viajan  por todos partes del mundo con una velocidad que hace poco no se hubiera creído posible. Pero, aunque normalmente creo en esta mentira del mundo pequeño, a veces recuerdo de la verdad: el mundo es tan grande.

Mi hermano y yo tenemos una competencia en curso que durará todo nuestras vidas. La competencia es para ver ¿quién ha visitado a lo máximo numero de países? Tenemos que determinar qué tipo, qué duración de visita cuenta para permitir decir que lo se ha ido al país en cuestión. Lo ridículo es que lo contamos cuando uno sale fuera del aeropuerto.

Pero aún en el país lo más pequeño del mundo, no lo se puede explorar en los momentos fuera del aeropuerto. No se puede entender la cultura o conocerse a la gente o probar la comida. Hay tanto que saber en cada país. El mundo es gigantesco.

Puedo decir definitivamente que visité Perú. Viví allá por tres meses. Pero, de verdad, solamente experimenté una pequeña parte del región andina. No sé nada de la selva ni el capital ni lo todo que está entremedio. Perú no es un país muy grande, pero ¡qué grande es!

Creo que he viajado más que lo normal, pero cuando miro a mi mapa del mundo, los país que he visitado son unas machintas en una mar de países para mí inexplorados.

Soy pequeñita. Y el mundo crece cada día.

Unas quejas

Necesito quejarme. Es catártico. Más o menos.

Construí el Montón  de pañuelo de papel hoy.

El medicamento para mi resfriado no hace nada para mi nariz pero me da mucho sueño.

Un libro que estaba esperando llegó y no me lo gustó.

Comí demasiados pistachios.

No logré nada hoy.

Esta entrada es una excusa patética para una entrada real con sustancia.

No puedo ver el piso de mi cuarto porque es tan desordenado.

Mañana tengo que trabajar en el jardín, algo que odio.

Gracias por escucharme.

Fin.