El recorte de periódico

No recuerdo un momento en mi vida cuando el recorte de periódico amarillo y arrugado no estaba pegado al lado del refrigerador con unas piezas de cinta igualmente amarilla. La cocina de mis abuelos maternos está llena de recuerdos antiguos, pero ese papel era definitivamente lo más viejo.

Su lugar no era una de prominencia – solamente el lado que se unía con los gabinetes. Abajo se ubicaban la pila de cupones, los pañuelos de papel y la bolsa de mi abuela. Una lista de números de teléfono lo acompañaba y a veces unos imanes también. Mientras otras cosas en aquella rincón cambiaban, el recorte permanecía.

Era el obituario de mi tía. Nunca la había conocido. Se murió en una choque de carro cuando mi madre tenía unos 21 años. Era su hermana mayor. Supongo que eran las mejores amigas. No lo sé, pero ¿cómo pudiera sido diferente? Había menos de dos años entre sus edades. Se crecieron en el mismo cuarto. Si, seguro que eran amigas bien íntimos.

Y ella se murió.

Y unos quince, veinte, veinticinco, treinta años después, todavía estaba su obituario pegado al lado del refrigerador. Un recuerdo de la otra hija que tuvieron. La familia de seis en vez de cinco. La hija mayor. La hermana. Su memoria siempre en la cocina, como su risotada había estado.

El recorte me puse a preguntarme: ¿cómo sería tener solamente los recuerdos de una persona? Nadie en mi familia cercana había muerto. Y con cada visita a la tumba de mi tía, miraba a la evidencia de los funerales recientes – las flores, la carpa. ¿Cómo estaba para los en el acompañamiento fúnebre? ¿Cómo se sentía  pasar por las calles con la policía como guía?

Descubrí. Mi abuelo se murió. Su tumba se cavó al lado de la de su hija. Pasé al cementerio en la limusina negra. Mi cara era una piedra gris. Sentí nauseabundo de pena.

Después del funeral y una semana con mi abuela estoica, regresábamos a nuestra casa. Unos días después apareció un papelito – no, un recorte de periódico – al lado de nuestro refrigerador. El obituario de mi abuelo.

 

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La albahaca

Es una planta pequeña – no, son un grupo de plantas pequeñitas. Están sentado en la encimera, mirando la cocina como una niña que es demasiada joven para cocinar.

Su hogar es un tarro, uno de los que se usa para enlatar los tomates abundantes del verano. Ese cuarteto de plantas vino del mercado en una bolsa de plástico. Estuvo vivo, feliz, brillante. Pero creo que ha contraído una enfermedad.

Tal vez tiene añoranza de sus hermanas en sus bolsas propias, todos en una caja cerca los aguacates. Quizás es una privación de minerales o una necesidad de luz real. No sé.

Pero el agua alrededor de sus raíces tiene un color de té, como si la vida de la planta estuviera pasado fuera de la planta. Sus hojas se inclinan al negro de la encimera. Estoy esperando que lágrimas caigan de las puntitas moribundas.

Qué planta triste es esa albahaca. Y no sé por qué.